Nunca estuvo tan bella

Para SM (y para JT, in memoriam)

Siempre bella. Siempre hermosa, siempre esbelta, siempre elegante… siempre deslumbrante, desde el primer día que la vi. Cuando entré a trabajar como ayudante del jefe de luminotecnia en el Teatro Español, yo era todavía más joven, más inexperto e inmaduro que ahora… pero, como ahora, la belleza, todo tipo de belleza pero sobre todo la belleza de la mujer, me deslumbraba. Así fue cuando la vi por primera vez, sonriente, luminosa, con el vestido y el maquillaje perfectos: y así que quedé ciego y sordo a cualquier otro estímulo que no fuera ella hasta que mi jefe, con cierta sorna, me dijo: «Venga, chaval, espabila… y no mires tanto al sol que te vas a quedar ciego y vas a tener que ir a trabajar a la ONCE». Han pasado algunos años pero yo sigo mirándola con la misma admiración de la primera vez… Y con la misma desesperanza: bien sé que ella está en la cima de su carrera teatral y en la cumbre de su belleza y yo no soy más que un joven y modesto operario que mira desde la ladera… Pero qué hermoso mirarla, qué maravilla contemplar cada noche su actividad en el escenario, compartiendo el espacio con su compañera de reparto, la gran dama de la escena Julia Trujillo, electrizando entre ambas a un público inteligente capaz de apreciar su excelente interpretación de Buenas noches, madre, de Marcha Norman… Hasta anteayer que la muerte se presentó, de improviso, en plena representación y, mediante el criminal infarto, se cobró su pieza y se llevó a Julia a su territorio… Gritos, revuelo, carreras… y todos descompuestos y asustados. Y, sin embargo, cuando la miré inclinada sobre su amiga, con su faz contraída y llorosa, horrorizada por la tragedia real, no la que se simula en el teatro, la vi más bella que nunca. Porque la muerte, el dolor, ensombrece nuestras facciones, descompone nuestro atuendo, desbarata los tocados y las propias expresiones y actitudes… pero, al permitir que el alma se asome a los ojos y las manos, nos muestra la belleza más sublime. Por eso nunca estuvo tan bella como cuando con la certeza de la muerte, al lado del cadáver de su compañera fraternal (su «Tieta» como le gustaba llamarla), sus luminosos ojos y sus hermosas manos, todo su cuerpo dolorido se llenó de alma y, por ello, toda su belleza se me mostró más sublime, más auténtica que nunca.

Anuncios

Acerca de Ch. Abada

Escribo (torpemente) para encontrar personas y (quizá) para encontrarme a mí mismo. Todavía no tengo claro (ni siquiera después del excelente tratamiento de mi psiquiatra MS) si soy un débil que se hace el fuerte (para disimular su miedo ante los poderosos) o soy un fuerte que se hace el débil (para llamar la atención de las personas generosas). Con Terencio, «Nada humano me es ajeno»; con Goya, «Aún aprendo».
Esta entrada fue publicada en Cuentos de Adán y Eva y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Nunca estuvo tan bella

  1. Yolanda dijo:

    Julia seguirá viva mientras tú la recuerdes… Mientras alguien la recuerde.
    Interesante la idea de la belleza y la muerte. Una vez más, me quedo con ganas de más…Quizá lo tuyo sean las obras inacabadas 😉
    Resulta muy difícil sugerir tantas cosas en un texto tan breve, ¡felicidades!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s