Ramitas de boj

Para JT

Pasan los años pero sigo siendo terriblemente romántica. Me enamoro como cuando era una adolescente precoz y atolondrada y eso que ahora ya soy una abuela, por muy joven que me sienta y muchos piropos que me digan. Así, de forma romántica, me enamoré de Manuel después de mi segundo divorcio. Pero no me enamoré el primer día, ni siquiera la primera noche: al revés, el primer día Manuel me pareció demasiado reservado, tímido, inseguro. Y, después de varios cafés, un estreno de teatro (buena obra De par en par), un par de conciertos en el Auditorio Nacional (excelente el Requiem de Maurice Duruflé) la primera noche tampoco me sentí elevada al Cielo… Por supuesto, mucha ternura y todo eso… pero a ras de suelo, sin vuelo (también aquí, como dije antes: reservado, tímido, inseguro…).

Claro que, después de una noche cariñosa aunque sin volcán, uno se levanta de buen humor y todo se hace cariñosamente; el desayuno, la bajada apresurada hacia las respectivas oficinas (ninguno de los dos se ha querido jubilar todavía: ambos creemos que hay más júbilo en el trabajo que en el paro) y el paseo rápido hasta los coches… pero, en ese momento, me percato de que he olvidado, sobre el mueble de la entrada, una carpeta con documentos que necesito para la oficina y le pido que suba al apartamento a por ella: Manuel, a grandes pasos, cruza la plaza y se pierde de mi vista por el camino bordeado de setos que conduce a mi casa y vuelve en dos minutos con mi carpeta: gracias, gracias; besos, besos. Hasta otro día, hasta pronto.

Por la noche y tras una jornada de trabajo duro y una cena de trabajo más dura todavía, vuelta a casa, sola y a dormir… Aseo, pijama y… de pronto, en la mesilla, un vaso de agua con unas ramitas de boj que, sin duda, Manuel recogió según subía a por mi carpeta olvidada; unas ramitas modestas, sencillas… pero hermosamente elocuentes. Y entonces, yo sola, con mis ramitas de boj contemplándome y sintiendo como si me me susurraran bellas palabras de amor, me elevo a los cielos, me derramo, me enamoro…

Y ahora, semanas después, mis ramitas, nuestras ramitas de boj, siguen lozanas, echando raíces en la maceta que les preparé y Manuel a mi lado… y yo, feliz y romántica como una adolescente precoz y atolondrada.

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Acerca de Ch. Abada

Escribo (torpemente) para encontrar personas y (quizá) para encontrarme a mí mismo. Todavía no tengo claro (ni siquiera después del excelente tratamiento de mi psiquiatra MS) si soy un débil que se hace el fuerte (para disimular su miedo ante los poderosos) o soy un fuerte que se hace el débil (para llamar la atención de las personas generosas). Con Terencio, «Nada humano me es ajeno»; con Goya, «Aún aprendo».
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4 respuestas a Ramitas de boj

  1. Ana dijo:

    Como la vida misma !!!
    Tu manera de escribir enamora….el cuento, también.

  2. Fany dijo:

    Un cuento sobre esas cosas que pasan cuando, a pesar de los años que se tengan, se conserva la capacidad de amar, de tontear, de soñar e interpretar los pequeños detalles como el más bello de los mensajes.

    Te dejo una ramita de boj de otoño, cuando el verde brillante se mezcla con el naranja.
    .Un abrazo.

  3. Julia dijo:

    Es curioso,yo tambien recibi por sorpresa un ramillete del hombre al que quiero,y creo,que aunque alguna vez,dejara de verle,nunca olvidarè ese regalo.Son las pequeñas cosas ,las que mas unen
    al hombre y a la mujer.Enhorabuena por tu cuento.JULIA

  4. Ch. Abada dijo:

    Gracias, Ana. Es cierto que la Vida es como la Literatura y la Literatura como la vida. La realidad y la fantasía, el sueño y la vigilia conviven en la persona, son la persona misma.
    Gracias, Fany. Por supuesto que la capacidad de amar no se acaba nunca (Quevedo asegura, incluso, que va más allá de la muerte). ¡Preciosa tu ramita de boj!
    Gracias, Julia. Es verdad que las pequeñas cosas, a veces más que las grandes, nos unen a las personas. Es una suerte sentirse querido aunque no sea de una forma perfecta.

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