E-05

Querida Ex:

Me dices que te has enamorado y que ahora ves la enorme diferencia que hay entre mí y tu nuevo amor… Nada me daría mayor alegría que saberte feliz y habiendo superado tus problemas afectivos… Pero, ¡cuidado con el entusiasmo! Sería terrible que te elevaras tanto sobre el suelo (la realidad) que un día te dieras cuenta de que estabas en el aire sin nada fuerte que te sostenga y cayeras estrepitosamente… Desde luego, que si eso fuera así, sin duda tendrías personas que te quieren (tu familia y tus amigos) que irían con presteza a evitar que te estrellaras y tú sabes que puedes y debes contarme entre ellas.

Pero, mientras tanto, por supuesto, ¡enhorabuena! Me alegra verte alegre (he visto tu cara iluminada), creativa (me gusta cómo te expresas, adornada con tu nueva pasión), feliz en suma. Me alegra, de verdad, porque a diferencia de lo que tú me decías cuando rompimos nuestra relación, yo tengo los mejores sentimientos hacia ti, incluso aumentados con la distancia. En alguna medida, una relación amorosa es como la visita a una ciudad desconocida: mientras deambulamos no hemos podido ver bien ciertas cosas, y, por otra parte, nos hemos visto abrumados por los problemas (las callejas enrevesadas, el ruido, etc.). Pero cuando nos alejamos, perdemos los detalles pero vemos mucho mejor el conjunto y, entonces, apreciamos la belleza y la armonía, etc. Como dijo un clásico en una preciosa carta a su mujer: como ocurre con ciertas catedrales, cuando nos alejamos de la persona amada podemos ver mejor su grandeza…

En todo caso, bueno es que ahora estés entusiasmada y hables maravillas de tu nuevo amado… pero repara en que también a mí me dijiste hermosas palabras de amor… y luego, tu despecho quiso borrar esas palabras o, lo que es peor, desear intensamente no haberlas pronunciado. Es verdad que los hombres tenemos menos sensibilidad que las mujeres para estos problemas… o, quizá, otro tipo de sensibilidad; pero, en cualquier caso, las palabras desdeñosas hieren a todo el mundo y conviene ser compasivo, incluso (o, quizá, más que nunca) cuando estás despidiendo al antiguo amado. En todo caso, no deberías despreciar nuestra relación. Cuando te estremezcas con la voz de tu amado actual, recuerda que antes también oíste, complacida, la mía diciéndote bellos requiebros; sus labios te enardecerán ahora… pero no debes olvidar cuando los míos lo hacían. El abrazo que estamos sintiendo en un momento nos puede parecer el único o, al menos, el supremo y eso no es malo, incluso es muy conveniente… pero también conviene que dejemos un rinconcito en nuestro corazón para el recuerdo del amor pretérito, que admitamos en el jardín lujurioso en el que vivimos ese momento, en el Edén que nuestro amor actual nos ha construido, un pequeño arbusto que nos recuerde al amor que fue… En definitiva, lo que te pido es que no desprecies el pasado porque si lo haces estarás enturbiando el presente y minando el porvenir; que reconozcas que yo fui un hombre importante en tu vida, que intentamos construir una buena familia, y cada vez que seas feliz con tu nuevo amado (o al menos en alguna ocasión) recuerda que hubo al menos otro hombre que te amó (todo lo torpemente que tú quieras pero de forma auténtica) y al que tú (al menos en algún momento sublime) también amaste. No te digo todo esto para reivindicar nada para mí sino para ayudarte a superar el despecho, mucho más ahora que te sientes feliz. Para contribuir en la medida en que me es posible a que, con tu nuevo amado, seas aún más sincera, más generosa que lo fuiste conmigo. Porque somos, en gran medida, lo que hacemos con los demás y el amor, todo el amor, todos los amores, el amor que damos y el que recibimos, nos enriquece, nos hace más personas.

En conclusión: te deseo la mayor felicidad en tu nueva relación porque saberte feliz aumentará mi alegría y mi cariño hacia ti. Y reitero una vez que, aunque nos hayamos separado, siempre podrás contar con mi respeto, mi gratitud, mi amistad, mi amor.

Sinceramente. Ch. Abada

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Acerca de Ch. Abada

Escribo (torpemente) para encontrar personas y (quizá) para encontrarme a mí mismo. Todavía no tengo claro (ni siquiera después del excelente tratamiento de mi psiquiatra MS) si soy un débil que se hace el fuerte (para disimular su miedo ante los poderosos) o soy un fuerte que se hace el débil (para llamar la atención de las personas generosas). Con Terencio, «Nada humano me es ajeno»; con Goya, «Aún aprendo».
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2 respuestas a E-05

  1. Coss dijo:

    Estoy de acuerdo con lo que le dices a la “ex”. Es verdad que es muy importante saber ver las cosas bonitas y las menos bonitas de aquello que hemos ya vivido porque esa voloración es lo que nos está hablando de nuestrp equilibrio emocional actual.

    Sí, todos los seres humanos estamos llenos de limitaciones, no verlo es algo muy infantil…, en mi opinión…, no darse cuenta de ello lleva al batacazo pero bueno, los batacazos también vienen bien ¿no? yo los veo como las oportunidades maravillosas que la vida nos da para madurar, por ejemplo: para aprender por un@ mism@ esa advertencia que el que escribe le hace a su “ex”.

    El que escribe refleja mucha paz interior y desprendimiento. Esto no suele abundar por el mundo…

    • Ch. Abada dijo:

      Gracias, Coss. Veo que coincidimos en que hay que evitar el rencor y el despecho cuando una relación se acaba. Es difícil, claro, pero hay que intentarlo siempre.

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