E-03

Querida Ex:
Presumes de ser una mujer muy romántica y te lamentas de que yo no haya sabido valorar esta virtud tuya. Quizá tengas razón y, en efecto, haya cometido un grave error pero, después de pensar con mucha atención tu reproche, creo que puedo discrepar en varios sentidos.
En primer lugar, hay que tener cuidado al reivindicar el romanticismo. Lo que entendemos por romanticismo en nuestra cultura no deja de tener (como por otra parte ocurre en todos los movimientos sociales o artísticos) muchas sombras al lado de sus muchas luces. Cierto es que, como reacción al excesivo racionalismo del siglo XVIII, los romanticos fundadores aportaron valores como la defensa de los sentimientos o el ansia de libertad. Pero no menos cierto que esta idea conlleva en no pocas ocasiones una desmesura en la consideración de lo individual, en la reivindicación del YO y, consiguientemente, una visión enfermiza de ciertas cuestiones humanas, entre ellas la del amor.
Por otra parte, en muchas ocasiones consideramos romanticismo una visión «novelera», es dcir, fantasiosa, irreal de la vida y de las relaciones humanas. Pero, sobre todo, querida Ex, tenemos que considerar que el romanticismo no es igual (como tantas otras cosas) cuando es «femenimo» que cuando es «masculino»: por mucho que se hayan igualado los roles siempre habrá una preeminencia «femenina» o «masculina» en nuestro comportamientos, incluso ciertas cosas como una llamada telefónica sorpresiva, una prenda íntima escondida, una flor o un cumplido sin motivo aparente serán diferentes cuando lo hace «él» que cuando lo hace «ella» y, por ello, a veces no serán suficientemente comprendidas o valoradas por la otra parte.
¿Ejemplos en nuestras relaciones que podrían traerse aquí a discusión? Te propongo algo más divertivo y positivo: hagamos un esfuerzo de memoria e intentemos recordar momentos románticos vividos juntos y, sobre todo, detalles románticos recibidos del otro. Yo sé que encontraré muchos tuyos, pero tengo la esperanza de que tú también encontrarás algunos míos… Incluso, hagamos algo todavía más romántico: intentemos revivir esos momentos, volver a sentirlos. Creo que, en ese caso, se abrirá en tu faz una de tus bellas sonrisas y el despecho dará paso a la ternura…
Flores y besos.

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Acerca de Ch. Abada

Escribo (torpemente) para encontrar personas y (quizá) para encontrarme a mí mismo. Todavía no tengo claro (ni siquiera después del excelente tratamiento de mi psiquiatra MS) si soy un débil que se hace el fuerte (para disimular su miedo ante los poderosos) o soy un fuerte que se hace el débil (para llamar la atención de las personas generosas). Con Terencio, «Nada humano me es ajeno»; con Goya, «Aún aprendo».
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