S-02

Querida Seda:
Escribo poco pero dudo mucho. Quizá es el destino de todo aquel que se enfrenta a una tarea de mayores dimensiones que él mismo… Pero, claro, la vida nos empuja a la acción, nos obliga a continuar el camino, a salir de las encrucijadas por mucho que, ante la necesidad de elegir un único camino de entre los varios que se abren ante nosotros, sintamos el pánico a equivocarnos… Necesito darte una identidad, no puedo mantenerte como una persona «sin papeles». Tengo que darte un origen cierto y aceptable. ¿Te haré nacer en México, en Colombia, en Perú, en Argentina…? Conozco algo esos países y puedo hablar de ellos si soy interpelado. Pero, cuidado, son países inmensos, con capitales pobladas por millones de personas, ciudades donde se pueden contemplar edificios, instituciones y grupos de personas de vida relativamente modernas, al lado de zonas deprimidas y atrasadas, con pobladores sumidos en la miseria moral y material; pero también son países con pequeñas ciudades, con aldeítas modestas pero limpias y gentes menos degradadas que los marginados de las grandes urbes. Y todo ello en medio de una Naturaleza inmensa, exuberante, maravillosa, de grandes planicies y altas montañas, de caudalosos ríos y una flora y una fauna, una riqueza mineral, que no por casualidad dejaron perplejos a los españoles que, superando los errores de aquel tiempo sobre la forma y el tamaño de nuestro planeta, llegaron por primera vez a un continente que bien podría llamarse Hispania. Un continente que promovió la codicia de los descubridores y sus consiguientes tropelías pero también su amor por una tierra y unas gentes que despertaban en ellos los mejores sentimientos y que los empujaban a radicarse allá y mezclarse con los nativos, creando nuevas razas y nuevas civilizaciones… Por eso creo que te haré nacer en una ciudad media y agradable, lejos de los extremos, y te daré unos antepasados mestizos y dignos y haré florecer en ti los mejores valores de los dos mundos, de todos los mundos…
Siempre con cariño. Ch. Abada

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Acerca de Ch. Abada

Escribo (torpemente) para encontrar personas y (quizá) para encontrarme a mí mismo. Todavía no tengo claro (ni siquiera después del excelente tratamiento de mi psiquiatra MS) si soy un débil que se hace el fuerte (para disimular su miedo ante los poderosos) o soy un fuerte que se hace el débil (para llamar la atención de las personas generosas). Con Terencio, «Nada humano me es ajeno»; con Goya, «Aún aprendo».
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