E-01

Estimada Ex:
Dices que no te quiero. Te equivocas. Te he tenido muchas veces entre mis brazos y he sentido la fusión carnal y espiritual que produce el abrazo cuando no es forzado. He recorrido tu piel como un explorador inexperto pero ilusionado recorre un territorio virgen y me he extasiado en tus valles y en tus colinas, me he perdido en tus bosques, he bebido en tus veneros… He penetrado en tus lugares recónditos y sublimes y he visto tu cara iluminada, tu mirada enardecida y tus temblores, tus suspiros, tus risas en esos momentos gloriosos… Te he sentido junto a mí en el sueño, te he contemplado largas horas con el placer de verte una y mil veces diferente a la par que igual que siempre…
Hemos recorridos juntos muchos senderos, nos hemos enfrentado a tormentas terribles pero también hemos recogido flores y frutos maravillosos; hemos gozado de fiestas que nos han hecho reír y cantar como niños inocentes; hemos realizado juntos trabajos esforzados, hemos tropezado y nos hemos ayudado mutuamente a levantarnos…
Si todo esto es cierto, y lo es, ¡cómo no voy a tener los mejores sentimientos por ti!, ¡cómo no voy a amarte! Pero la Vida, nuestra forma de vida, es dura y agita los cuerpos y las conciencias; atemoriza y desconcierta, produce torpezas y egoísmos peligrosos, nos dispersa y, a la postre, nos hace incapaces de mantener la relación de la manera que nos habíamos prometido. Evidentemente, eso hace difícil o imposible la convivencia íntima, enfrenta a los miembros de la unión, los hiere física y espiritualmente y, hay que reconocerlo, deteriora el amor. ¡Pero no lo mata, no puede matarlo! El amor, cuando es auténtico, no muere fácilmente: se refugia en los pliegues de los sentidos y de la memoria, en los puntos inaccesibles del alma y nos recuerda una y mil veces que la persona a la que amamos intensamente un día sigue viva en nuestro corazón y en nuestro pensamiento.
Con cariño. Ch. Abada.

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Acerca de Ch. Abada

Escribo (torpemente) para encontrar personas y (quizá) para encontrarme a mí mismo. Todavía no tengo claro (ni siquiera después del excelente tratamiento de mi psiquiatra MS) si soy un débil que se hace el fuerte (para disimular su miedo ante los poderosos) o soy un fuerte que se hace el débil (para llamar la atención de las personas generosas). Con Terencio, «Nada humano me es ajeno»; con Goya, «Aún aprendo».
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4 respuestas a E-01

  1. Paulina dijo:

    Si, qué cierto cuanto dices, y cómo duele ese amor que por seguir vivo no deja de hacerse sentir. Y el dolor cómo nos muda el ánimo y hasta el semblante.

    Precioso.
    Un abrazo.

    • Ch. Abada dijo:

      ¡Gracias, amiga! Lo bueno de los veteranos es que llevamos un zurrón gastado pero lleno de cosas valiosas… entre ellas la capacidad creciente de amar a pesar de los pesares.
      Abrazos.

  2. Fany dijo:

    Sí, eso es lo que yo creo. No comprendo que lo que se ha amado pueda resultar detestable años después.Aceptamos el deterioro de la emoción, pero no su muerte.Como dices, siempre queda en los pliegues inaccesibles del alma.
    Yo añado páginas al libro de mi vida, pero nunca arranco las ya escritas. Todas me pertenecen.

    Un abrazo.
    Fany

  3. Ch. Abada dijo:

    ¡Muy bien expresado por tu parte! Es un rasgo de inteligencia y generosidad asumir que no se deben arrancar las páginas de nuestra biografía sino añadir nuevas y mejores…
    Abrazos. Ch. Abada.

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